“Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?”

La historia nos recuerda que Catilina fue un político romano, que ha pasado a la historia por las acusaciones que le formulada Cicerón en sus discursos llamados Catilinarias. Se dice del tal Catilina que era de carácter malo y depravado y que siendo joven gustaba de las guerras civiles, las matanzas y las discordias. Su espíritu era temerario, veleidoso y simulador; era mucha su elocuencia mas su saber era menguado, según Cayo Salustio.

Al comienzo de las Catilinarias, encontramos la frase en latín del inicio en el primer discurso ante el senado y con relación a Catilina, Cicerón prosigue preguntándose: “¿A qué extremos se arrojará tu desenfrenada audacia?” “¿No te arredran ni la alarma del pueblo, ni el acuerdo de todos los hombres honrados?”

Afortunadamente para Roma las conjuras del conspirador fueron puntualmente ahogadas y su cabeza cortada para alivio de la República.

La que parece no gozar de alivio es la nuestra, por la iracundia de un funesto personaje que actuando detrás del poder gubernamental, atenaza pérfidamente a la Nación a la que ha de llevar al caos prontamente. Cuenta para ello con todo un aparato partidario de políticos mandrias y amanuenses que traicionaron el voto de los ciudadanos de sus territorios; como así también con fuerzas de choque comandadas por bandoleros.

Este otro Catilina ha borrado el federalismo aniquilando a las instituciones de la República. Comenzó yendo por las FF.AA., pretendió hacerlo con la Iglesia a la que no pudo doblegar, amañó a la Justicia y ninguneó al Parlamento. Ahora en su alocada patología pretende ir por el campo y expropiárselo a sus legítimos dueños.

Había escrito Benedetto Croce que en la vida se suelen distinguir hombres buenos y malos, con diversos grados de bondad o de maldad y hasta el punto indiferente de mediocre. El caso que nos ocupa no tiene matices, es MALO en todo el sentido fáctico de la palabra. Tiene el juicio turbado por la pasión por el poder que lo ha llevado a la exacerbación.

Desde el punto de vista del historiador Arnold Toynbee, la historia se repite, aunque no hay peligro que nuestro Catilina termine como el romano, perdiendo lo que no tiene, o como los Ceausescu.-

Autor: Jorge Omar Alonso

Anuncios

Una respuesta

  1. En realidad es Catilina pero vaya a saberse porque fui victima de un “acto fallido”. De todos modos, se entiende la similitud con “el Nestor”, no?.-

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: