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CUBA: La Perestroika puede esperar

Posted by Ramiro Duran en febrero 29, 2008

Jorge EnriquezEl simulacro de renuncia de Fidel Castro ha ocupado las primeras planas de los periódicos del mundo. Empleo el término simulacro, porque es evidente que, aún sin un cargo formal, él seguirá ejerciendo el poder real en la isla.

Por si alguna duda cabía, el discurso de asunción como presidente de Cuba de su hermano Raúl, la despejó definitivamente.

Eso no significa que no pueda haber algunos cambios. Tal vez la renuncia se explique por la resignación del viejo dictador a aceptarlos, aunque sea en dosis homeopáticas, sin dejar en ellos su huella.

Lo cierto es que tarde o temprano cierta forma de flexibilización económica deberá incorporarse, porque el asfixiante estatismo de Cuba se traduce en una economía paupérrima, de bajísima productividad. En efecto, los cubanos reciben del Estado subsidios alimentarios que no le alcanzan ni para vivir 15 días. Para colmo, son discriminados en su propia porque, de hecho, no se les permite entrar en los hoteles y restaurantes frecuentados por turistas, excepto a quienes trabajan allí, los cuales, merced a las propinas de aquéllos pueden atravesar, siquiera, escasamente el umbral de la indigencia para llegar al escalón más bajo de la pobreza.

No es aventurado pensar que se vaya tendiendo gradualmente a un esquema chino, de apertura económica y férreo control político. Es decir, escuálidas grageas crecientes de capitalismo sin la correspondiente liberalización política.

Hay que reconocer que, por las razones que sean, aún perdura en cierto mal llamado progresismo latinoamericano y aún en otros lugares del mundo, un áurea romántica de la Revolución Cubana. Curiosamente, los medios de comunicación no suelen referirse a Castro como “dictador”, ni las organizaciones de derechos humanos piden que se lo juzgue y castigue por la comisión de delitos de lesa humanidad, que alarmantemente ocurrieron y ocurren en la ínsula caribeña.

Sin embargo, es más que evidente que se trata de un dictador, en todo el sentido que el término implica. Utimo vestigio, junto al régimen norcoreano, de un estalinismo vetusto, que cercena las más elementales formas de la libertad individual.

Castro y su régimen han suprimido la democracia, la división de poderes, el derecho de reunión, la libertad de expresión, el debido proceso, el derecho a la intimidad, la libertad de asociación, el derecho de propiedad. No hay derecho humano que no haya pisoteado de la forma más brutal. Pero nuestros pseudo-defensores de los derechos humanos, encabezados por la señora de Bonafini, algo así como la “Madre de la Patria”, según Néstor Kirchner, no dejan de señalar a ese régimen de oprobio como un paraíso terrenal.

Los propagandistas de la dictadura cubana invocan siempre los aparentes adelantos en salud y en educacíón. Aún cuando fueran ciertos, no se entiende por qué esos avances deben ser realizados al precio de la supresión de todas las libertades.

Por otra parte, la mitología castrista ha hecho creer que antes de la llegada del barbudo iluminado Cuba era una especie de Haití.

Esto es absolutamente falso. Cuba ya tenía en la etapa pretérita a la revolución castrista índices de desarrollo humano (aunque ese concetpo haya sido acuñado posteriormente) de los más altos de América Latina.

Poseía una extendida clase media, lo que se suele ocultar. Basta comprobar un dato: Cuba fue uno de los primeros países de América Latina en tener televisión. De hecho, nuestro Canal 13 fue fundado por un cubano exiliado, Goar Mestre, que había dirigido un canal de televisión en Cuba, en el que tuvo singular éxito en los años cincuenta el recordado comediante Pepe Biondi, a quien él luego trajo a dicha señal para que lo conocieran sus propios compatriotas.

Es cierto que Cuba era un régimen de facto cuando Castro tomó el poder y que dependía de los Estados Unidos. Pero, tampoco hoy existen en la isla, partidos políticos opositores, ni medios de prensa no gubernamentales, y el eje de la sumisión económica ha pasado de EEUU a Venezuela.

En definitiva, el alejamiento de Castro no es tal, y en todo caso se debe a razones de salud o estratégicas.

No hay memoria de un régimen estalinista que se abra “per se” a la democracia.

Autor:Jorge Enriquez

E-Mail : jrenriquez2000@yahoo.com.ar

Fuente:www.Notiar.com.ar

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