Zapatero, el iluminado

Jose Luis Rodriguez ZapateroSi hubiese que definir con una sola palabra al Presidente del Gobierno de España, José Luís Rodríguez Zapatero, sin duda que sería la de “iluminado”. Este personaje intelectualmente mediocre, que sólo había sido un oscuro diputado durante muchos años y un conspirador de salón, tuvo, sin embargo, una baraka excepcional en un momento concreto de su vida. Fue aquel momento en el que, contra pronóstico, se hizo con la jefatura del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) por simplemente 9 votos de 998 delegados, después de ciertas maniobras orquestadas en la oscuridad y de que sus adversarios despreciasen su aparente debilidad a la que se llamó, publicitariamente, “talante”.

A partir de ese momento, en la cima del PSOE, empezó a obrar como un iluminado. Había pasado de ser un oscuro diputado a un elegido para la gloria. De ser un personaje solapado y cauteloso, despreciado en su propio partido, había pasado a ser el todopoderoso Secretario General del PSOE. Y eso le llevó a sentirse un ser llamado a hacer algo grande, a ser el político al que la diosa fortuna había colocado en el destino de España para salvarla de todos sus males.
Para definir su personalidad baste recordar que, estando en la oposición, empezó a negociar con la banda terrorista ETA porque consideraba, y así se lo dijo a sus colaboradores, que él era el elegido para resolver nuestro más grave problema. Negociación, por cierto, que hacía al mismo tiempo que firmaba con el Gobierno un Pacto Antiterrorista.

Después vinieron los atentados del 11 de Marzo de 2004 y los terroristas pusieron, tres días antes de la celebración de elecciones, sobre las urnas 192 muertos y más 1.400 heridos, hecho que aprovechó Zapatero para hacer política electoralista y culpar al Gobierno de José María Aznar de ocultar la verdad de los hechos, algo que ha quedado demostrado que no fue cierto, pero que sirvió para que se movilizase la extrema izquierda española y votase al PSOE. Y Zapatero ganó. Había conculcado para ello, incluso, el sagrado día de reflexión, haciendo campaña cuando ya estaba totalmente prohibido por la ley, y había echado a la izquierda más radical a la calle para asediar las sedes del Partido Popular, pero ya nada de eso importaba. Había que ganar porque él era el elegido para sacar a España de sus problemas y ganó. No ganó por mayoría absoluta, pero sí con una mayoría suficiente para gobernar pactando con los nacionalistas y separatistas periféricos de Cataluña y el País Vasco, dos regiones españolas privilegiadas desde hace más de dos siglos por el Estado Español, pero que cuentan con unos partidos insaciables a la hora de exigir prebendas a los Gobiernos sucesivos a costa de las regiones menos favorecidas.

Pero como Zapatero sólo quería el poder para cumplir con su destino, volvió a ceder y, a cambio de su apoyo parlamentario, condescendió a todas sus reivindicaciones. Algunas de ellas ancestrales.

Y con los partidos que menos creen en España ha estado gobernando estos cuatro años. Lógicamente, y por exigencia de sus socios de gobierno, ha roto todos los consensos habidos y por haber que habían funcionado en España desde la muerte del dictador Francisco Franco en 1975.

Ha cuestionado la unidad de España reformando los estatutos de autonomía, especialmente el de Cataluña en el que ha reconocido que Cataluña es una nación. Ha negociado políticamente con la banda terrorista ETA prometiéndole, incluso, la autodeterminación del País Vasco, hecho que hizo diciendo, solemnemente, que serían los vascos los que decidiesen su propio destino y conculcando de nuevo la soberanía nacional, que reside constitucionalmente en todos los españoles y no solo en los vascos. Pero a Zapatero no le detiene nada cuando desea algo. Y si para conseguir ese algo necesita igualar al País Vasco con Kosovo, lo hace sin pestañear.

Zapatero ha reavivado las dos Españas, promulgando una ley de Memoria histórica con la que ha intentado resucitar los fantasmas de la guerra civil, que ya los españoles habían superado hacía 30 años. Ha insultado a más de media España, sin necesidad alguna, llamando matrimonio a la unión de homosexuales. Ha intentado crear un Cordón Sanitario en torno a la oposición para aislarla y criminalizarla o, entre otras muchas barbaridades, ha creado una asignatura llamada Educación para la Ciudadanía con la que intenta educar a los niños españoles con arreglo a una ética y una moral laica y con la que niega a los padres el derecho a educar a sus hijos en libertad.

Dentro de todos los disparates de este iluminado, en la asignatura Educación para la Ciudadanía (EpC) está, tal vez, el mejor resumen de su curioso pensamiento político.

Con esta asignatura obligatoria en el bachillerato español, Rodríguez Zapatero está intentando crear en España su “Gran Proyecto” ético. Un proyecto ético que “elaborará varias identidades: la identidad de género, la identidad religiosa o ideológica, la identidad nacional, la identidad humana, es decir, el sentimiento de pertenencia a la humanidad”, algo que ya fue formulado por Marx en el núcleo de su programa político colectivista: “A cada uno según su necesidad, de cada uno según su capacidad”.

Para Zapatero, el Estado está por encima del individuo y así lo enseña sin tapujos su EpC. Según esta asignatura, repito obligatoria para todos los niños españoles, el Estado se reserva el derecho a decidir qué valores y qué “identidades” son compatibles con el “Gran Proyecto” que quiere programar cuidadosamente en la mente de los jóvenes.

El aborto, la eutanasia, el diálogo con terroristas, la poligamia, la familia abierta, la libertad de consumir o la propiedad privada encajan o no en el “Gran Proyecto” según lo que dictamine el Estado en cada momento. Pero no se queda sólo en esto, según EpC, el Estado debe suplantar a las familias cuando éstas no transmitan de manera “eficaz” estos valores a los hijos. Incluso, el Estado se permitirá decidir cuándo son, o no, eficaces las familias al transmitir valores y se otorga el derecho a sustituirlas para impartir su propia moral de Estado.

EpC es un catecismo de Estado en el que se enseña hasta lo que se debe comprar por necesidad o lo que es superfluo. En esta asignatura se expresa que “las familias pueden educar a sus hijos en su religión y en su moral, pero el Estado debe encargarse de facilitar a todos nuestros jóvenes aquella educación que la sociedad considera necesaria para el desarrollo de los proyectos personales, la buena convivencia, la justa resolución de los problemas y el progreso económico”.

Zapatero, en definitiva, quiere conseguir en España una especie de mundo feliz, entre cubano y venezolano, en el que todo lo que hagamos, lo hagamos para ser felices. Porque “la felicidad personal es un estado de satisfacción personal y de plenitud en el que podemos desarrollar nuestro proyecto de vida”.

¿Es o no es el pensamiento de un “iluminado”? Por supuesto, de un iluminado mentiroso porque, para salir de los problemas en los que se ha ido metiendo, ha tenido que ir mintiendo una y otra vez.

En definitiva, el mandato de Zapatero el iluminado nos ha conducido, en cuatro años, a un retroceso hacia el sectarismo antidemocrático, el anacronismo de los privilegios feudales, y la ruptura con los principios de libertad, igualdad y solidaridad en que se fundamentaba la Constitución Española. Y digo fundamentaba porque, salvo que la salve el Tribunal Constitucional, también se la ha cargado de facto.

Autor: Eduardo de Lácara

Fuente:La Historia Paralela

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