Lavagna: Una nueva estafa política

Jorge EnriquezLa política argentina suma un nuevo Borocotó. Aunque, en verdad, será mejor a partir de ahora mencionar a los transfuguismos, cuando son muy graves, no con el apellido del video-pediatra sino con el del ex Ministro de Economía. De un dirigente que se cambia súbitamente de bando, diremos, desde ahora que se “lavagnizó”.

Acabamos de asistir a una grosera estafa política. Es un hecho indefendible desde todo punto de vista Lavagna intenta justificarlo diciendo que su candidatura no era de “oposición”, sino de “alternativa”, asignándole a la primera opción un carácter salvaje, casi rayano en el golpismo. Con pedantería y tono doctoral, pretende burlarse de todos nosotros, enseñándonos que su actitud es la que corresponde a las grandes democracias del mundo.

Una burda patraña. Lo normal en las democracias avanzadas es que haya oficialismo y oposición. Los partidos dirimen sus diferencias en elecciones internas o primarias. Si las divergencias de Lavagna con el matrimonio reinante son sólo de matices, debía haber presentado su candidatura en el seno del Partido Justicialista o del Frente de la Victoria. Para los millones de argentinos que lo votaron, él representaba mucho más que eso: una alternativa es, precisamente y hasta desde la propia etimología de la palabra (si queremos ser doctorales en serio), “otra” cosa.

La “oposición” no es una mala palabra. Es la sal de la democracia. Sin oposición no hay verdadera democracia pluralista. Lo que Lavagna les dice ahora a los que ingenuamente lo votaron como opositor es que en verdad los usó para negociar una posición mejor dentro del peronismo. En el lenguaje coloquial hay un nombre vulgar que define con elocuencia a quienes han sido utilizados de tal forma.

Quizás crea este Borocotó Plus que los millones de votos que obtuvo son suyos. Sería un acto de soberbia y de ignorancia. En verdad, no es aventurado imaginar que buena parte de ese caudal electoral le corresponde al radicalismo, que le dio su estructura y lo ungió como su candidato. Lavagna habla de una “concertación” inexistente. El fue el candidato circunstancial del aparato radical, le guste o no.

Los archivos periodísticos se están haciendo un festín con las declaraciones de ayer nomás de Lavagna sobre los Kirchner, De Vido, Chávez, el INDEC, etc. Allí surgen, con toda crudeza, sus manifestaciones sobre la crisis energética, la inflación, las matoneadas de Guillermo Moreno, la denuncia de “cartelización en la obra pública”, su cuestionamiento a las reformas del Indec, del “capitalismo de amigos”, de la estrecha relación del kirchnerismo con el dictador antillano, llegando a decir que “con la liberación de los rehenes de las FARC, la Argentina fue el furgón de cola de Chávez.

Se vuelve de muchos lados, menos del ridículo.

Fresco está el recuerdo de su negativa a aceptar la jefatura de gobierno de la Ciudad, que el kirchnerismo le ofreció. Arrogante respondió:”O la presidencia o mi casa”. Parece que ahora mudó de opinión va hacia un nuevo rumbo que no es ni la presidencia ni su casa. Sólo se explica esa actitud a la luz de la falta de alternativas que tenía en la política.

De algún modo esta traición política sirve para separar la paja y el trigo. Ahora se ve con claridad quiénes son la verdadera alternativa y quiénes son meros oportunistas. Lo lamentable es que hechos como éste erosionan aún más la confianza pública en los dirigentes.

Sacuden, entonces, nuestros oídos, con tanta desilusión, a aquellas estrofas que canta el guatemalteco Ricardo Arjona: “Sabe, Sr. Presidente, cuantos sueños rotos entran en una urna de cartón, para que cuentan los votos si se repite la ecuación”.

Sin no hay confianza no se restablecerán los partidos políticos, y sin ellos la democracia no es más que una fachada. Los Kirchner aspiran a conformar un PRI argentino, un gran partido hegemónico que no permita las alternancias. En el PRI mexicano, por lo menos, los presidentes no podían aspirar a la reelección.

Aquí está en ciernes un PRI aún peor, hegemónico y familiar.

Ojalá que la indignación que la actitud de Lavagna está despertando en vastos sectores de la ciudadanía sirva para generar la reacción que la República necesita. De lo contrario, tiempos cada vez ominosos nos aguardan.

Autor:Jorge Enríquez

jrenriquez2000@yahoo.com.ar

Fuente:www.notiar.com.ar

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