Las mercaderes en el Templo

Susana SechiEn plena goce de la inmunidad, la embajadora del terrorismo internacional, Hebe de Bonafini y un grupo selecto de colaboradoras acaban de ser distinguidas por la prestigiosa Universidad de Bologna con un “laurea honoris causa” en reconocimiento a esa infatigable tarea por los derechos humanos que realiza desde la organización que preside, las Madres de Plaza de Mayo, algo que resulta por demás incomprensible ya que esta señora se especializa exclusivamente en el tutelado de los derechos de terroristas y delincuentes considerados enemigos de la humanidad.Para quienes no conozcan fuera de Argentina a Hebe de Bonafini y su particular forma de expresar amor por los semejantes, les contamos que a la muerte de Su Santidad Juan Pablo II, lo maldijo públicamente deseándole “que se pudra en el Infierno”, pero donde realmente saltó a la fama internacional fue cuando brindó en público, regocijándose por el atentado a las Torres Gemelas, alegando que “las víctimas eran norteamericanos ricos” (sic).

Mas cercano en el tiempo fue su reivindicación de la narcoguerrilla de las FARC, que a su criterio no constituyen una organización terrorista, oportunidad en que aprovechó para calificar al Presidente Uribe de genocida y “responsable del secuestro de jóvenes idealistas colombianos”, condenados por la Justicia de ese país por delitos de lesa humanidad.

El espíritu amplio de Bonafini le permite mantener excelentes relaciones con la ETA, a la que considera un movimiento independentista que lucha por la libertad de Euskal Herría, permitiendo que miembros de esa organización reclamados por la justicia española y a los que se les concedió asilo político en Argentina, revisten como docentes en la Universidad de las Madres que ella dirige, asimismo esta señora defiende acérrimamente al régimen iraní y especialmente a su Presidente Mahmud Ahmadinejad, organizando manifestaciones de apoyo en las calles de Buenos Aires.

Su mas reciente “hazaña” fue consumada en el día de ayer, en circunstancias que corroboró la célebre conclusión a que había llegado el General Perón al definir “que la víscera mas sensible de los argentinos era su bolsillo”, Doña Hebe, ofuscada por que no se le había entregado un millón de dólares de los dineros públicos, uno de los tantos aportes similares que realiza el gobierno argentino a su Fundación, una empresa inmobiliaria y constructora “sui generis”, realizó junto con sus compañeras de ruta el copamiento de la Catedral Metropolitana, en lo que llamó “un acto de protesta y ayuno”.

En la oportunidad Bonafini demostró una vez mas ser una mujer de recursos. Al encontrarse con los baños clausurados, de inmediato improvisó uno tras el altar mayor del templo, algo que demuestra su sensibilidad y que merece el reconocimiento de los fieles por no haber optado por el frente o la parte superior de dicho altar para dar satisfacción a sus necesidades fisiológicas.

Las mercaderes no tuvieron reparos en utilizar el templo para la extorsión, ese templo que resguarda los restos del Libertador, desafiando e insultando a los fieles con su brutal proceder con tal de hacerse de esos dineros tan ansiados.

Tras el escándalo, la Bonafini se retiró de la Catedral complacida de haber logrado, así rápidamente hacerse del millón de dólares, una de las tantas cuotas asignadas por el gobierno kirchnerista para ese floreciente negocio de canje de viviendas por adoctrinamiento revolucionario.

Si existiera en este país ese rigor intelectual que reclama desde el discurso la Presidente , las fariseas habrían sido desalojadas y puestas ante la Justicia por el copamiento del templo mayor de los argentinos, agravado por el hecho de haber convertido un lugar de culto en letrina pública, pero la impunidad que goza Hebe de Bonafini, declarada oficialmente “Madre de la Patria” por Cristina Kirchner, no permite a ningún magistrado tomar cartas en el asunto pese a la gravedad de los hechos, dado que estas intocables señoras del pañuelo blanco disfrutan privilegios especialmente concedidos por el matrimonio del poder absoluto.

Quizás las Madres estén evaluando como incorporar la Catedral Metropolitana a su patrimonio inmobiliario, ese patrimonio surgido de bienes apropiados, como hoteles, galerías emblemáticas, terrenos públicos y unidades militares desafectadas para darles ese destino.

Difícilmente los argentinos llegarán a entender ese extraño homenaje brindado por la Universidad de Bologna, otorgando títulos “honoris causa” donde no existe la causa y mucho menos el honor en quienes fueran distinguidas con ellos, como tampoco estarán dispuestos a que se los identifique con esta Madre de todos los odios Hebe de Bonafini

Autor: Susana Sechi
Directora de La Historia Paralela

Email: susanasechi@gmail.com

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