El puente de la sinrazón

Puente-Fray BentosSiempre sostuve el derecho de Uruguay a disponer de su territorio con el fin de generar fuentes de riqueza para su pueblo en la medida que no lesionara los intereses, tanto económicos como ambientales, de la República Argentina. Por eso tomé, siendo ingeniero químico, posición favorable a Uruguay en el diferendo de las pasteras, pues estoy convencido que una planta de celulosa moderna, bien operada y con una planta de tratamiento de efluentes acorde al proceso y al volumen de producción no genera más contaminación que cualquier industria química en condiciones óptimas de control de efluentes.

De cualquier manera, con la planta de Botnia operando, ya pasó la hora de discutir la viabilidad de la misma. El tiempo de ese debate se debió dar cuatro años atrás, justo en el mismo momento en que con medias palabras y un desconocimiento aterrador de, no solo de conceptos técnicos referidos a la industria de la celulosa, sinó de cual era el alcance del Tratado del Río Uruguay, nuestra cancillería puso fin al diferendo sobre el tema de las pasteras, dando su aceptación mediante un acuerdo con Uruguay, el cual, gracias a Dios, está escrito en los anales de la Presidencia de la Nación del 2004: “En el mismo mes, ambos países firmaron un acuerdo bilateral, poniendo fin a la controversia por la instalación de una planta de celulosa en Fray Bentos. Éste acuerdo respeta, por un lado el carácter nacional uruguayo de la obra, que nunca estuvo puesto en entredicho y, por otro lado, la normativa vigente que regula las aguas del Río Uruguay a través de la CARU.” (pag.107) acuerdo que fue firmado por Bielsa y el Canciller uruguayo Operti. Y en la página 127 de estos anales amplía el concepto de la aceptación cuando dice: “Planta de Celulosa M’Bopicuá y Emprendimiento Botnia .- De acuerdo a las “coincidencias específicas de ambas Delegaciones ante la CARU” con referencia a la posible instalación de fábricas de pasta de celulosa a la vera del río Uruguay se diseñó un “Plan de Monitoreo de la Calidad Ambiental del Río Uruguay en áreas de plantas celulósicas” que junto con el “Plan de Protección Ambiental del Río Uruguay” contribuye a mantener la calidad del recurso hídrico. Asimismo, fueron revisados y actualizads los estándares de Calidad de Agua”, restando su incorporación al Digesto de Usos del Río Uruguay.”

En realidad, nadie de los improvisados que suelen colmar en estos tiempos la cancillería argentina creía que Uruguay podía ser capaz de desarrollar conjuntamente con españoles y fineses proyectos de producción de celulosa de más de un millón de toneladas año. ¿Quién podía creer en cancillería que los uruguayos estaban capacitados para proyectar algo así si los habíamos conocido naranjo?. Para nuestros ineptos ministros de relaciones exteriores era impensable que Uruguay se empeñara en tamaña empresa y acorde a sus preconceptos dejaron que las cosas siguieran su curso, total el palacio San Martín está muy lejos del río Uruguay.

A medida que la construcción de la planta avanzaba y la población de Gualeguaychú hacía cada vez más ruido, sobre esta protesta se montó cuanto político ávido de multitud y votos hubiera por estas comarcas y comenzaron a fogonear el pataleo sin reparar ni en costos – para el País – ni en mentiras o ruindades. Así, convencieron a los asambleístas que La Haya era una opción válida y mezclaron a la Argentina en un papelón jurídico difícil de levantar, porque, ¿Qué íbamos a alegar en La haya?, ¿que nunca nos interesó la industria celulósica? Si están a la vista leyes nacionales y provinciales, incluso del mismo Entre Ríos que fomentan la misma. ¿Qué tenemos una Constitución que privilegia el libre tránsito en nuestras rutas? Si nuestro gobierno mira hacia otro lado cuando de piquetes se trata cuando no los alienta. Pero mientras tanto la causa de Gualeguaychú sirvió a cualquier interés. Sirvió para que el presidente, olvidándose lo que había firmado su segundón de turno en cancillería, hiciera flamear una banderita con la frase “no a las pasteras” y que los asambleístas – quien los creería tan ingenuos – quedaran conformes y siguieran confiando en que él en uno de sus conocidos conciertos de atril haría desaparecer a Botnia por el mero “poder” de sus palabras. Sirvió para que los feudatarios del presidente ganaran las elecciones en Entre Ríos y en el mismo Gualeguaychú, Sirvió para que un integrante de la asamblea consiguiera una interesante canonjía y le diera de comer a un montón de parientes y amigos. Sirvió para que, ley provincial de Entre Rios mediante, los forestadores de otras provincias comenzaran a imaginar pingües negocios con la pastera siguiendo con el ejemplo de los éxitos económicos que empresas argentinas habían logrado en la construcción de la misma. Y, finalmente, ha servido para desenmascarar la sinrazón y estupidez que guía a los piqueteros asambleístas de Gualeguaychú. Ya han decidido, ellos que han tocado de oído en todo este fandango, que los análisis de la ONG Green Cross están equivocados, que ellos no van a creer en ningún informe que no indique fehacientemente que la pastera contamina y que lo único que puede calmar sus berrinches es la relocalización de la Planta. Dislate total que nos hace suponer, por carácter transitivo, que si el fallo de la Corte Internacional de La Haya no es favorable a sus intereses lo quemarán en un auto de fe, previa incineración de un retrato de Máxima y una bandera holandesa, obligando al resto de los argentinos a desconocerlo.

Porque para esto han quedado. Para quemar banderas, banderines y escarapelas y atorrantear con aires de perdonavidas frente a un desprevenido que equivocó el camino. Para que con aires de matones de esquina – matones en patota y protegidos por gendarmes – digan que van a incendiar una bandera finesa con la estúpida pretensión de chumbar como cuscos a ver si el pueblo y el gobierno finés reaccionan. ¿Si reaccionan ante que?, ¿Somos concientes el resto de los argentinos que a estos delirantes que creen manejar, y quizás sea así, parte de las relaciones exteriores del País la idiocia les ha alterado el cerebro?

Entonces, por simple comparación, esto es lo que nos hace dar cuenta de porque Finlandia, nueva destinataria de los odios ambientalistas, está en los primeros lugares en cualquier indicador social o económico y nosotros, la Argentina, vivimos rozando impúdicamente a Haití.

Después del tiempo que hemos perdido y de las heridas que la desmesura y el resentimiento han abierto, después de haber afirmado que los cortes de los puentes tenían como objeto poner a Uruguay de rodillas si no relocalizaba la planta, después de soportar la estupidez y prepotencia de los que ven que se les va un buen negocio ya que les duele que los análisis no hayan demostrado la inminencia de un malón de enfermedades terminales o al menos la posibilidad de una epidemia de viruela boba en la población, ha llegado la hora de, si aún hay sentido común en la República, acordar con Uruguay en función de futuro. Si tenemos la grandeza de pensar como rioplatenses concertemos con Uruguay el monitoreo conjunto de los efluentes, líquidos y gaseosos, de Botnia y tratemos de recuperar la confianza que en otros tiempos nos tenían. Pero, si no somos capaces de un gesto así, recemos para que la fantasía de los piqueteros de Gualeguaychú de pescar una tararira con dos cabezas y tres colas se haga realidad. Por lo menos tendremos una justificación, mágica, pero justificación al fin de la imbecilidad.

Autor: José Luis Milia

Fuente:La Historia Paralela

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: