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Frente a la amenaza de otro cacerolazo

Posted by Ramiro Duran en enero 13, 2008

Cacerolazos

Para encontrar una emergencia que haya sensibilizado tanto la piel del oficialismo como la que se verifica en el sector eléctrico, acaso haya que remontarse al estupor producido por el asesinato de Axel Blumberg, en marzo de 2004. Son episodios de naturaleza muy diversa, claro, pero tienen un rasgo en común: la capacidad para producir una ola de protestas que saque a las familias a la calle.

Las razones de la crisis energética son las mismas desde hace más de tres años. Sólo se agravan los síntomas. Pero el Gobierno modificó su percepción política del fenómeno debido a la insinuación de manifestaciones callejeras. Es comprensible: si hay una misión histórica a la que los Kirchner atribuyen la razón última de su éxito es la de evitar los cacerolazos que sirvieron de contexto a su ascenso hacia el poder.

Por eso los próximos días estarán dominados por una cuestión crucial: si la reaparición de movilizaciones de vecinos puede llevar a la Presidenta a revisar la receta energética heredada de su esposo. Es una incógnita muy relevante, ya que la gestión de la primera administración Kirchner en este sector concentra toda su visión de la economía y el mercado.

En las últimas horas hubo indicios de que no conviene descartar ese giro. El primero apareció en la comercialización de hidrocarburos. Por convicciones conceptuales y por su rivalidad con Julio De Vido, tal vez Alberto Fernández sea el funcionario más estimulado para poner en tela de juicio los criterios imperantes hasta ahora en el sector. A su iniciativa se debió una reunión con el presidente de Repsol YPF, Antonio Brufau, al cabo de la cual quedó suspendida la prohibición de exportar combustibles que, para atacar el desabastecimiento de naftas, se había dispuesto la semana pasada. La medida afectó a YPF más que a cualquier otra compañía, y la asociación con Enrique Eskenazi, resuelta por “su experiencia en mercados regulados”, no sirvió para evitarla.

Brufau repitió en aquel encuentro lo que señalan los expertos: la escasez de combustibles no se debe a que las empresas prefieren exportar por razones de precio. El problema hay que buscarlo en las limitaciones logísticas. La demanda de naftas subió a comienzos de año un 20 por ciento respecto de los mismos días de 2007, en parte por la secuencia de feriados. A las empresas les cuesta acompañar ese incremento del consumo porque carecen de plantas de almacenaje y de suficientes camiones para abastecer los surtidores.

El titular de Repsol le hizo notar a Fernández que el remedio del Gobierno agravaría la enfermedad: “Si no se puede exportar fueloil, por ejemplo, nuestros tanques se saturan con ese producto y hay que suspender su refinamiento. Entonces es imposible producir nafta, que es un derivado del fueloil. A la vez, si produzco sólo la nafta que vendo, el campo se quedaría sin gasoil en plena cosecha”. Brufau se cuidó de hacer notar que se trata de evidencias elementales de ingeniería, pero, aun así, no evitó que Roberto Baratta, el segundo de De Vido (quien regresa mañana de sus vacaciones en Italia), se quejara ante la embajada de España por los términos de la entrevista.

La Casa Rosada se comunicó también con actores del mercado eléctrico. El viernes al atardecer, y otra vez a instancias del jefe de Gabinete, la señora de Kirchner se reunió durante casi dos horas con Alejandro Macfarlane, el presidente de Edenor. No trascendieron los términos de esa conversación, pero es fácil adivinarlos: la posición de las distribuidoras frente al problema eléctrico es muy conocida en el mercado.

Edenor y Edesur, a cuyo presidente José María Hidalgo visitaba, a la misma hora, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, comparten un diagnóstico unánime entre los especialistas. El principal factor de la crisis es el exceso de demanda. Se debe a que la energía es seis veces más barata que, por ejemplo, la que paga un consumidor brasileño. Esa ventaja beneficia, según los entendidos, a los sectores más acomodados: 25% del consumo del Gran Buenos Aires está concentrado en el 8% de los clientes, que son los más ricos.

Además, la demanda está desatada por el formidable incremento en la venta de equipos de aire acondicionado. En los últimos cuatro años se vendieron cinco millones de aparatos.

Esta perspectiva, prevaleciente en las empresas, no pone tanto el acento en la restricción de la oferta como en el consumo desmesurado. La novedad de este verano es que también el Gobierno se acercó a ese punto de vista. Es el costado novedoso del rudimentario plan de uso racional de la energía que anunció Cristina Kirchner el 28 de diciembre.

Se sabrá esta semana, cuando las empresas realicen a pedido de la Presidenta una ronda de conversaciones con De Vido, si esta interlocución con el sector privado se traduce en medidas de gobierno. La señora de Kirchner enfrenta una encrucijada. Por un lado, está el camino de los cortes programados, similares a los que se adoptan donde se presumen picos de demanda eléctrica. Por otro, un aumento de tarifas que desaliente el derroche, sobre todo entre los clientes adinerados (Mauricio Macri podría convertirse con su ABL en precursor de la Presidenta). Ambos recursos son desagradables, pero, como decía el historiador Julio Irazusta, “la política es una opción entre dificultades”.

El genoma de pasable demagogia que domina al kirchnerismo fue incompatible, hasta ahora, con la receta de bajar la demanda a través de un aumento de precios. Durante los 12 años en que ese grupo gobernó Santa Cruz, las empresas estatales mantuvieron congeladas las tarifas de luz y de gas. Daniel Cameron, el secretario de Energía, sigue siendo ignorado por sus superiores por recomendar un ajuste de precios. Los contratiempos estivales lo encontraron pescando truchas en Río Grande. Pero la amenaza de los cacerolazos puede cambiar lo que no consiguieron los manuales. Otra vez la oposición a los Kirchner no proviene de un partido ni, como ellos creen, de la prensa: nace de la ingeniería.

Hay que agregar factores inesperados. El ministro brasileño de Minas y Energía, Nelson Hubner, desmintió un racionamiento eléctrico este año en su país. Brasil provee a la Argentina 500 megavatios, pero, ante una restricción doméstica, podría suspender el envío. ¿Por qué subsidiar a los votantes de Cristina Kirchner cuando empieza el malestar entre los de Lula? La lección la dio el anterior gobierno argentino con el gas, cuando debió optar entre los consumidores locales y los chilenos. A propósito: el próximo viernes, Hubner visitará Buenos Aires para reunirse con De Vido y con su colega de Bolivia, Carlos Villegas. Discutirán el acceso al insuficiente gas del que dispone Evo Morales.

La escasez de estos días se produjo con la ciudad de Buenos Aires semivacía y con grandes consumidores inactivos, como Siderar o Acindar, por tareas de mantenimiento. Un pico de demanda en un contexto más activo, como el de febrero o marzo, agravaría el desabastecimiento y enojaría más a los vecinos. Cristina Kirchner cuenta con ese pronóstico y tal vez por eso comenzó a buscar una técnica más sofisticada que el canje de dos lamparitas por casa o la delación de los porteros a quienes usan acondicionadores de aire. Dos soluciones a la cubana.

 Autor:Carlos Pagni

Fuente:La Nacion.com 

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