Demencia piquetera

piqueterosLos hechos ocurridos en La Plata y el lumpen mental congénito.

El estado de descomposición al que asiste la sociedad argentina se evidencia en todas las esferas de la vida y se profundiza con el paso del tiempo como consecuencia de las carencias de conocimiento que impiden llevar adelante prácticas resolutivas. Con lo cual, el problema se ramifica y el empleo de la violencia es la vía utilizada por algunos individuos para expresar sus disconformidades o bien, para reclamar cosas o derechos que entienden les pertenecen.
Por supuesto que no todos los hombres transitan la vida con métodos tan primitivos e irracionales.
Existen grupos humanos que se manifiestan de manera pacífica respetando las libertades individuales y colectivas. Sin embargo, este tipo manifestaciones, de un tiempo a esta parte, son las menos, ya que han sido sobrepasadas por aquellas formas de protesta en la que distintas agrupaciones se mezclan, teniendo como destino inexorable, la pérdida de sentido del objetivo inicial.

El abanico de explicaciones entorno al quiebre del tejido social que trae aparejado una distorsión en cuanto a los usos y costumbres y las normas de urbanidad, es amplio. No obstante, encuentra su explicación más contundente y relevante en el conflicto de la banalización de los temas. En el uso y abuso de la realidad social para transmitir diagnósticos erróneos que desvían la atención.
Es decir, la exclusión social, la pobreza, la marginalidad y el pauperismo se han convertido en situaciones funcionales no solo para los gobiernos de turno que inducen en sus discursos análisis reduccionistas en los que entienden que la inseguridad es producto de las variables mencionadas; sino también, para los oportunistas que nunca faltan y que se haya enarbolados en banderas de falsa izquierda.
Aquellos que se proclaman a favor de los derechos fundamentales pero olvidan, voluntariamente, que el trabajo también forma parte de esos derechos.
Lo sucedido en el día de ayer en La Plata con los piqueteros de distintas corrientes patológicas que tomaron el Ministerio de Desarrollo de manera premeditada y armados con bombas molotov, demuestra, una vez más, que la barbarie trascendió el campo y se instaló en los grandes centros urbanos.
Ellos, los piqueteros, que se erigen en figuras tales como las del Che Guevara y Fidel Castro. Que se llaman entre ellos compañeros.
Que llevan a los chicos a sus demenciales manifestaciones en las que la droga y el vino enmascarado en botellas de gaseosa nunca falta, son emergentes del lumpen mental congénito.
Del menor esfuerzo voluntario, puesto que fueron encontrando la complacencia de los gobiernos mediante los lamentables planes sociales que lo único que hacen es fomentarles la vagancia y el hastío de una vida sumida en la tragedia de los valores.
Piqueteros de distintas edades no solo atentaron contra mayores sino que también, arremetieron contra niños inocentes y ajenos que se encontraban en la guardería de enfrente del Ministerio.
Hijos de verdaderos trabajadores fueron víctimas del desquicio al momento que en la vorágine de una lucha caduca, arrojaron una de las bombas caseras al interior del lugar.
Destrozaron todo tipo de objetos. Ocurre, que esta clase de sujetos desconoce el valor de las cosas debido a que lo material, no les cuesta. A través de los infernales planes, nada tienen que hacer. Solamente, ir a cobrarlos por no hacer nada.
Cobran, por no trabajar.
Porque lo cierto es, que de un 100% de los individuos que se manejan con esos planes, apenas el 15% o 20% pide trabajo para salir de la precariedad y evolucionar dignamente. Esa minoría, no se encuentra dentro del salvajismo.
En cambio, el resto, solicita un doble aguinaldo. Todo, les representa poco.
Por ende, quieren ser doblemente denigrados. Se estancan en la abulia que tiene la nada. No buscan el progreso. Solo buscan, facilismo.
Bajo estas características, nuestra Nación se debate cotidianamente.
El peligro frente a un hecho como el ocurrido La Plata se encuentra latente.
Siempre se está a la espera de que algo malo pueda suceder. Entonces, los verdaderos cerebros que operan con armas sofisticadas, que estudian terrenos y que se manejan con tácticas y estrategias que distan de ser las piqueteras, con el tiempo, coptarán a estos sujetos como escudería.
Los buscarán para reclutarlos y alinearlos, paulatinamente, dentro del crimen organizado. Para hacer tareas por las cuales, ellos nunca se expondrían. De ahí, la preocupación del estado de embrionario de maras en Argentina.
Ahora son grupos, bandas o pandillas. Pero con el paso del tiempo, podrán mutar a maras, puesto que los narcoterroristas están al acecho de menores que forman parte de estas agrupaciones.

Autor:Laura Etcharren

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