La Papa K

Papa subsidiada, más que un ahorro, un chiste de mal gusto

No es una esponja, pero el agua parecería escurrirse por entre sus entrañas vegetales mientras hierve. Tampoco está cortada noisette, aunque por su tamaño aparenta venir pasada por el filo. Su piel, renegrida y con escamas de barro, merece paciencia oriental para poder ser quitada. Y hasta su precio es una gracia. Se trata de la papa subsidiada por el Gobierno, la de $1,4 el kilo, esa que las amas de casa hoy se niegan a comprar y que el productor se negaba a vender, porque hasta septiembre de 2007, no se la encajaba a nadie y se le caía del tractor.

papa k

Hoy se pueden encontrar en las principales cadenas de supermercados, en los comercios chinos y en algunas verdulerías de barrio, pese a que en estos últimos locales el precio varía entre $1,5 y $3, según la categoría residencial.

Una risa, por lo menos, es la principal reacción que causa verlas por primera vez. Por segunda y por tercera oportunidad, también. Pero para quienes aún no las conocen, acá un detallado análisis de la papa barata o la papa de las carcajadas.

Como sus hermanas mayores, las papas subsidiadas son amorfas y de diferentes volúmenes. Sin embargo, no alcanzan los 10 cm de alto o ancho (según como se la mire). Si no fuera por su textura terrenal, podría confundírselas con un kivi machucado y masticado.

Este tipo de tubérculos digno de un remate de segunda (o tercera) selección, se pone difícil a la hora de cortar. Tanto con cuchillo como con pelapapa, es imposible desnudarlo sin quedarse con parte de su carne en las manos, lo cual disminuye aún más su tamaño.

También es una odisea manipularlo sin producir cortes en algún lugar del dedo, sobre todo para hombres de mano ruda o mujeres no adeptas a la cocina diaria. Por esta razón, hace falta el temple de un monje shaolin para poder sacar su fina y rugosa piel como si se tratara la de una camisa de seda en el cuerpo de Nicole Kidman.

El volumen también genera molestias para quienes andan cortos de tiempo. Mientras para un kilo de “papas comunes” sobran diez minutos para pelarlas y dejarlas listas para la cacerola o el horno, en el caso de los “tuberculitos” subvencionados es necesario suspender cualquier actividad con sobreturno y dedicarle el paso de las agujas.

A la hora de cocinarlas, hasta las recetas más comunes se complican. Es que los 20 minutos que lleva la cocción digna de un buen puré para cuatro comensales, con esta variante diminuta de la papa suele ser menor y quien no esté acostumbrado se confundirá y creerá tener bajo el “pisapapas” pegajosos granos de arroz.

En el horno la cosa no es muy diferente. Mientras que para un vacío o un peceto conviene una cocción a la par con la ahora “papa cara”, con la subvencionada hay que medir hasta los grados y la posición para que la cocción no se convierta en un carbón.

Quizás por estas y otras tantas razones que se escapan como las papas subsidiadas de las manos, de las góndolas y de los tractores, los consumidores revienten de bronca a la hora de encontrarlas y opten por seguir machacando el bolsillo con las papas regordetas y carnosas que cuestan, hoy, más de $5 el kilo.Fuente Minutouno.com 

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Una respuesta

  1. Ese alimento con tal de abaratar su costo es de una calidad lamentable, tengo dudas de si ha sido producida en la Argentina o importada de vaya saber dónde. Los argentinos no merecemos que nos tomen el pelo de esta manera.

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