Con los brazos caídos

magritteMuchos argentinos quizás demasiados, esos que contribuyeron a construir un país que merecía ser vivido, donde imperaba la cultura del trabajo, la educación era de excelencia y la palabra inseguridad no tenía ninguna connotación especial, pareciera que hoy se han resignado a una decadencia que todo lo abarca y se los puede ver como si hubieran bajado los brazos.En el pensamiento colectivo se ha instalado la idea que existe un proceso irreversible en que la corporación política decide por la ciudadanía quienes gobernarán la Nación, que las instituciones son simples dependencias de un poder omnímodo que las ha puesto a su servicio, que la corrupción es inherente a todo acto de gobierno y que la Constitución Nacional se ha convertido en letra muerta que ni siquiera merece ser mencionada en los textos escolares.

Se toma como algo natural que grupos sediciosos corten rutas, calles o nos impidan cruzar un paso fronterizo, que exaltados alumnos no permitan a un rector asumir sus funciones en un colegio o facultad y que movimientos piqueteros digiten en que estación de servicio podemos o no cargar combustibles.

Se debe aceptar que combatir la inseguridad no constituye una función del estado, que sus autoridades proclamen orgullosamente que no están dispuestos a ejercer la represión que ordena la ley y que le señalen a la población que cada delincuente tiene detrás una “problemática social”, como si ser una víctima de la delincuencia de por si no sea una “problemática social”. Es así que ya no resulta extraño que luego de un robo o secuestro el damnificado agradezca a los delincuente un buen trato y que no le hayan propinado una golpiza o intentado asesinarlo.

Si no se ejerce una docencia sobre las nuevas generaciones que no conocieron la otra Argentina se las llevará a aceptar como inmodificable la actual situación, es perentorio alentar a los jóvenes a luchar por un país que merezca ser vivido predicando con el ejemplo, el 28 de octubre es una gran oportunidad para comenzar con esta tarea.

Autor: Sigfredo Durán

Email: siggyduran@gmail.com

Fuente:La Historia Paralela

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