Tirar la piedra y esconder la mano

susana sechiProcurando no salpicarse con los conflictos que envuelven al país en la anarquía, el Presidente permaneció recluido en su guarida patagónica y lejos de gobernar para los argentinos, decidió apartarse hasta del acto homenaje a los “Héroes de Malvinas”. Se mantuvo en silencio y alejado de toda actividad pública, pero seguramente impartiendo órdenes telefónicamente a sus obsecuentes colaboradores.Reapareció en escena después de tan larga estancia en el sur y como era de esperar, desde el atril comenzó a distribuir culpas aunque perturbado y desencajado, con síntomas hiperkinéticos y en compulsivas palabras discordantes expuso su desfachatada argumentación entre aires de democracia tan viciados como los infiernos recurrentes de sus patéticas alocuciones.

Avanzando, sin escatimar méritos para con su impresentable candidato Daniel Filmus, tan culpable como él mismo de las consecuencias que llevaron a los docentes a los reclamos generalizados en las provincias que no pudieron asumir el aumento decretado por ese Ministro de Educación, quien alegremente y sin medir el efecto que provocaría en cada una de esas jurisdicciones, a viva voz había anunciado la buena nueva del incremento salarial.

Tirar la piedra y esconder la mano es política practicada por ese Presidente desde el instante mismo en que arribó al poder, política que en estos momentos se encuentra más exacerbada por la codicia electoralista que lo impulsa a descabezar a todo aquel que no se adapte a su ordenamiento idiologizado de pensamiento único.

Comprometiendo el futuro de los ciudadanos de bien y sin importar lo que esto traerá aparejado en el corto plazo, impuso la permisividad como acto central de gobierno, violando en consecuencia el articulado de la Constitución Nacional con la implementación del libre albedrío para los grupos violentos, los que interactúan en reclamos que pueden ser legítimos, pero que se ven desvirtuados por el accionar de activistas con las mismas ideologías que en los años 70 se utilizaron para sumergir a los argentinos en una guerra sucia.

Lamentables resultaron los sucesos de Neuquén, en una manifestación docente que debió ser solamente eso, pero que en la confusión se instalaron en la misma los grupos invasores de siempre, Quebracho y otros fundamentalistas que exhibían pancartas de diferentes corrientes políticas de izquierda, afines al Che Guevara, a Hizbollah, Madres, Hijos, Abuelas, como así todo tipo de consignas anti-democráticas que como es de conocimiento público engendran la barbarie, y así sucedió, tiñendo de sangre una tarde que debió ser pacífica.

Caldear los límites de la cordura lleva a que sucedan este tipo de injustificados actos y ese Presidente que se rasga las vestiduras negando su responsabilidad y descarga demonios sobre un gobernador que puede que el desborde le jugara una mala pasada, olvidando el Señor Kirchner lo ocurrido en Las Heras, Santa Cruz, cuando el oficial Sayago corriera la misma suerte que el maestro Fuentealba y sin embargo en esa ocasión sus términos no fueron los mismos ante un hecho de similar tenor, en ese momento se abstuvo de condenar al gobernador de su provincia.

Echar nafta al fuego no apaga un incendio, todo lo contrario se incrementa el foco ígneo. Con el país en llamas un Presidente se encarga de alimentar el fuego apañando a los bárbaros que están convirtiendo la Argentina en una tierra arrasada sin orden ni justicia, siguiendo el lema proclamado por el mismo mandatario,”exigir castigo a los culpables en un juicio exclusivo de su persona”.

Trasladar culpas y responsabilidades como justificativo por parte de un Primer Mandatario que no acepta críticas a una gestión despótica, pero que desde el poder impulsa odios y revanchas que van más allá de las funciones de estado que representa.

Acusar sin permitir ser acusado por los graves errores desencadenantes de los hechos, los que conllevan a la disolución social por medio de metodologías infames de engaños, desestabilizaciones y complots para mantener un liderazgo que se le está escurriendo de las manos.

Meter en la misma bolsa a sus opositores, ya sean políticos, periodistas o ciudadanos comunes, es la actitud hipócrita de un Presidente que hoy se victimiza ante políticas que han dejado muertos en el camino, cuando todos los días habitantes del país vienen perdiendo la vida en manos de los delincuentes sin que ese señor ocupe un mínimo de su tiempo para revertir la situación.

Y juega con las víctimas que el mismo sentenció a partir de una falta de racionalidad e inconsciencia, llevándolas al cadalso con esas teorías anarquistas en que se está hundiendo hasta el cuello en las arenas movedizas que el mismó generó

Autor: Susana Sechi
Directora de La Historia Paralela

Email: SusanaSechi@gmail.com

Fuente:La Historia Paralalela

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