La hoguera de las vanidades

susana sechi Errores, equivocaciones y malas elecciones no son una exclusividad de estos tiempos, circa 1492 en pleno renacimiento, la República de Florencia a pesar de corrupciones y libertinajes parecía haber adquirido paz y tranquilidad para sus habitantes, entre mecenas y artistas de todas las ramas se estaba recreando nuevamente una cultura, pero Lorenzo de Medicis tomó una simple decisión, llevar a esos lares a un monje dominico, Fra Girolamo Savonarola sin imaginar los graves inconvenientes que este le aparejaría a su vida y a Florencia.
Poco a poco Savonarola fue tomando poder, con extremas y peligrosas predicas impuso la censura a todo lo que no se ajustara a su punto de vista.Siempre rodeado de un séquito vagante, al que Girolamo llamaba los ángeles de las camisas blancas, quienes eran los encargados de cumplir con su delirante obsesión de exterminar en la pira la cultura clásica por considerarla obscena.

Fue el punto de partida para su caldero de brujo, sermones impartidos a los florentinos desde los cuales proponía una suerte de nigromancia aplicada a la Biblia como una enmienda de la realidad del momento. Con voz de trueno expuso la destrucción de Florencia y de las criaturas humanas que en ella habitaban. La neurastenia impregnó el populacho que seguía casi embelesado las herejías propuestas públicamente.

Estatuarias griegas y romanas, obras de artistas prominentes, todos los libros existentes, pinturas y frescos acabarían en “la hoguera de las vanidades”. Bajo su supervisión en este disturbio letal se perdería lo bueno y lo malo, sin discriminación y ante la vista de un Consejo impotente de impedir semejante barbarie.

Los años transcurrieron entre violencia y piras carbonizando las pertenencias de los habitantes y el patrimonio florentino, arte e historia fueron abrasados por el piromaníaco Savonarola, hasta que un día el pueblo enloqueció ante tanto descontrol y se preguntó ¿Sería saqueada la ciudad?, ¿Será derrocada la República?

Las relaciones con Francia del Fra y la llegada de sus ejércitos, hizo entrar aún más en reflexión a los ciudadanos, que angustiados se repreguntaron ¿Todos los bienes serán requisados, arte, comercio, seguridad y hasta la prosperidad?

Florencia había vivido en paz con el mundo, no tenía ejército, armas ni voluntad para la lucha ¿Sería el principio de otro Diluvio?

El nihilismo no tiene épocas ni tiempos predeterminados, en el Siglo XXI una mala elección está alcanzando similares consecuencias, la destrucción cultural y/o la transpolación de la misma por otras distorsiones, entorpece la vida de los ciudadanos.

Esta forma de ejercer el poder por medio de la mentira en todos los ámbitos, conlleva a la disolución de la sociedad, expuesta a todo tipo de manejos tras palabrerías inconsistentes que ocultan la verdad en todos los sentidos de la política institucional.

Todo sirve para denostar al soberano desde el albedrío del Estado, acompañado por una horda de oportunistas dispuestos a ejecutar todo tipo de ilícitos para ser acogidos en los privilegios oficiales.

Como en tiempos de aquel piromaníaco renacentista, se queman en la hoguera todo lo que orgullosamente ostentaban los habitantes de este suelo. Los “demonios de camisa roja” encolumnados detrás de este nuevo difamador, realizan el saqueo de todo tipo de prendas morales, y ningún Consejo opositor parece reaccionar de forma contundente ante los extremos antirepublicanos que azotan al soberano.

Las vendas se cayeron el Siglo XV, los obnubilados florentinos tomaron conciencia de las fatídicas expresiones que les descerrajaba el monje en un fundamentalismo que pretendió aniquilar el resurgimiento de la civilización, Girolamo no se conformó con hacer cumplir preceptos clericales, aplicó la censura total que desató la violencia en una República pacífica y feliz. Esto mismo sucede en Argentina, los actores son otros y no precisamente responden a la Fe, si no que representan a una izquierda marxista, despótica y letal, pero la aplicación de las medidas no difieren con ese pasado medieval y al igual que los florentinos el pueblo se colmará, harto de ser objeto de ultrajes y se formulará las mismas preguntas.

Debemos recordar que Fra Girolamo de Savonarola fue ahorcado y quemado en la hoguera, siendo repudiado por los mismos que en su momento creyeron en sus blasfemas palabrerías de infames nigromancias.

Autor: Susana Sechi
Directora de La Historia Paralela

Email: SusanaSechi@gmail.com

Fuente:LaHistoriaparalela

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