Tragedia, humillación y crisis

 Susana SechiSe ha llegado al límite del egoísmo y la hipocresía, los hombres que detentan el poder han entrado en una crisis de totalitarismo inmoral, fabulando en complicidad, desatinadas y polémicas reelecciones perpetuas, aunque para lograrlo, se engañe y se burlen los derechos y dignidad de los representados.
Enfermos de poder, capaces de llegar a métodos violentos para defender sus espacios, cayendo en la injusticia para perpetrar conductas delictivas, impostándose como demócratas cuando en realidad sus acciones muestran a viles villanos, se escudan en matones para acallar por la amenaza, la voz del pueblo.

Tragedia urbana impuesta a los ciudadanos desde los distintos gobiernos provinciales y el gobierno nacional, que recurren a una inseguridad sin miras de solución, la que crece a pasos agigantados, en tanto el Gobernador Solá y su Ministro Arslanian, no conformes con deslindar responsabilidades, imprimen con su desidia directivas a las fuerzas de seguridad que favorecen la delincuencia, impidiendo actuar a las mismas en defensa de la sociedad honesta.

El avance de la violencia y la impunidad se ha generalizado en todo el territorio nacional, con una implacable política de abusos implantada desde el mismo Poder Ejecutivo, utilizando patoteros a sueldo, ejércitos piqueteros, así como movimientos ligados a un terrorismo internacional, los que cumplen con las órdenes, a imágen y semejanza de lo que ocurre bajo la tiranía venezolana, la que mantuvo a su pueblo en iguales o peores condiciones de indefensión, recurriendo a similares métodos a los hoy existentes en Argentina.

Sin libertad, las limitaciones son cada vez más marcadas, permitiendo que se perpetúen en el poder un conjunto de indecentes, que anteriormente no pudieron conseguir un lugar en la sociedad, incluso en gobiernos democráticos, cuando fueron deshechados, repudiados y alejados por torturados pensamientos, no acordes con los principios republicanos.

Humillación
mantenida desde la ilegalidad, se esgrime desde el poder absoluto, imponiendo castigos a los que dentro de la razón cuestionan sus tropelías perpetradas con una violación sistemática de todos los principios éticos y morales, corrompiendo los antecedentes intelectuales de aquellos que no acaten, por sumisión o a cambio de la dádiva, la voz oficial, implementando una feroz difamación y una carga de abiertas amenazas.

Se pretende desde el ápice del régimen, transformar los valores, impartiendo una concepción amoral y de libertinaje. Se censura a las instituciones religiosas por defender los preceptos que resguardan la vida humana, que deben librar una lucha verbal con un Presidente que estima ser dueño de los sentimientos y la fe individual de los ciudadanos.

Desde un cargo de Comandante en Jefe adquirido por la función y el que no se honra desde la investidura, se denosta a los hombres que integran las FFAA de manera humillante y en pos de una deliberada e impúdica revancha.

Se pisotea sin remordimientos a víctimas inocentes de aberrantes atentados terroristas, dejando en el olvido sus derechos humanos, los que son usurpados por los victimarios, recreando una victimización de sus sangrientos pasados.

Crisis de violencia en una decidida carrera por reflotar las mismas situaciones de una cruenta época, palpita en un clima enrarecido de antiguos odios y aspiraciones de tomar el poder, esta vez con el amparo de un Primer Ciudadano que pone a su disposición todo el aparato del Estado, obtenido en una democracia que ha perdido todo dejo de representatividad.

Los acontecimientos cada vez van tomando connotaciones más delictivas, volviéndose hacia la sociedad que sufre las incontinencias entre antagonistas que dicen pertenecer a un mismo eje político, sin embargo estas sulfurosas guerras tribales, no son producto de la casualidad, su trasfondo va más allá de lo sucedido en San Vicente.

La crisis es más profunda en los ámbitos de estricta controversia, grupos enfrentados por ideologías totalmente dispares, sumieron inconscientemente al pueblo en una batalla no buscada.

La complicidad del régimen complica más el panorama, el que se ha vuelto insoportable para la ciudadanía, presa de los embates que suprimen el estado de derecho, la paz interior y afecta la vida de las personas.

Subvirtiendo deberes y obligaciones, el Presidente parece únicamente ocupado, en mantener una suerte de ejercicio de su mandato, destinado a descomponer por la fuerza el tejido social.

Billetera, patoteros, piqueteros, y opositores alquilados son las claves de una psicopatía
destinada a ocultar las falencias del Señor Kirchner, durante su empecinada lucha por el poder perpetuo, cueste lo que cueste y caiga quien caiga, bajo el lema de primero yo, después yo y siempre yo.

Autor: Susana Sechi
Email:
SusanaSechi@gmail.com

Fuente:La Historia Paralela

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