Entre ovaciones y papelitos

susana sechiLa dicotomía de K

Al inaugurar las sesiones ordinarias en el Parlamente, una ovación recibió al Presidente, acompañada por una lluvia de papelitos, al mejor estilo futbolístico.

Una vez calmada la efervescencia del momento, el Señor Kirchner, con su característica soberbia, inició el discurso regodeándose en los supuestos logros de su gestión, los éxitos alcanzados en el ámbito económico, los que detalló minuciosamente, incluyendo porcentajes y un alegato al promisorio futuro que sus medidas permitirán alcanzar, sin privarse de las comparaciones y críticas que acostumbra, las que remató, introduciendo la frase “…por qué no queremos volver al pasado”, aclarando que en 100 años de historia económica, nunca hubo registros de un crecimiento sostenido por 15 trimestres, los que han superado todas las expectativas.

La alocución presidencial, se extendió al show de planes, aumento del poder adquisitivo, crecimiento salarial y una larga lista de conquistas sociales, alcanzadas en su gestión, pero poniendo énfasis en la lucha contra la inflación, la que aseguró es de carácter transitorio y motivada por exportaciones de alimentos, comodities, etc, pero que a partir de un crecimiento arraigado y por medio del diálogo con distintos empresarios “dimos fuerte impulso a los acuerdos de precio, pese a la desestabilización que unos pocos producen”, sentenció.

Al parecer el Señor Kirchner se siente orgulloso de sus artilugios económicos, destinados a mantener los precios de los artículos de primera necesidad, como el queso crema y los rollos de cocina, sin variaciones hasta las elecciones 2007.No dejó de mencionar el Presidente, el impulso dado a la obra pública, el incremento de usuarios de telefonía móvil, así como de Internet, recalcando la reestructuración de astilleros, utlidades favorables en el Correo, la reforma educativa (becas incluidas), el turismo como fuente importante de divisas, el beneficioso plan de salud que abarca la “salud social” y “reproducción responsable”, sin olvidar los medicamentos genéricos que aumentaron en su utilización un 70%.

Los poco comprobables puntos enunciados por el Señor Kirchner, podrían resumirse en “muchas promesas y pocos hechos.

Por el caso, los numerosos turistas que visitan nuestro país, tiene como correlato los escasos argentinos con posibilidad económica de viajar al exterior

Salud es lo que falta, la población debe recurrir cada vez más a los mal llamados medicamentos genéricos, que envenenan en vez de curar y solo acrecientan el negocio del Dr. Ginés, los que también son recetados en los tratamientos conocidos como de “reproducción responsable”.

En su retórica exaltación a los éxitos obtenidos, el Presidente hizo un paréntesis para dirigirse a su homólogo uruguayo, suplicándole a este la suspención de las obras en las Papeleras por 90 días, su tono melodramático no podía ocultar una ironía amenazante, “90 días son apenas un suspiro”, dijo, con una falta de ética al solicitar al Señor Vázquez un acto que implicaría trasladar al Uruguay la Inseguridad Jurídica.

Tal falta de respeto, motivó la enérgica reacción del vicepresidente del vecino país, quien trató de “impertinente”, algo que en “off” seguramente recibió otro tipo de calificativo.

Sus acusaciones a la oposición “por ejecutar teorías voluntaristas y maliciosas manifestaciones” sobre el ya reformado Consejo de la Magistratura, que a criterio del Señor Kirchner “es un paso adelante, para consolidar la justicia independiente”, no tiene desperdicio.La evidencia ante la gravedad de las acusaciones, así como la falta de respeto a los ciudadanos, demuestran una vez más, el absolutismo irresponsable que ejercita el Presidente.

En uno de sus acostumbrados ejercicios de volver al pasado y refiriéndose al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, recordó a los 30.000 desaparecidos y abogó por el “derecho a la verdad relativa”, haciéndose eco de los “jóvenes mancillados por los violentos”, de los cuales él formaba parte en sus pensamientos de querer cambiar la historia, reclamando por muchos discursos que los ensuciaron y que por eso hay que discutir un país, no castrar al que piensa diferente.

Estas últimas palabras parecen provenir de otra persona muy diferente al Señor Kirchner, cuyos métodos a partir de su totalitarismo, no dejan espacio para la libertad de pensamiento, no aceptando críticas, no tolerando nada ni nadie que se oponga a sus deliberadas transgresiones.

Un ajustado análisis del mensaje presidencial, revela que a sus conocidas dificultades en la dicción, deben sumarse serios problemas con la lectura, los que podrían deberse a una falta de práctica en tales menesteres o a la dicotomía entre lo que estaba leyendo y su pensamiento.

A partir de frases prehechas no se solucionarán los problemas estructurales del país.
¿Que hace pensar al Presidente que la sociedad toda está de acuerdo?
¿Cuál es el futuro prometido?
¿Se referirá como “sociedad que tomó la bandera del cambio” a ese minúsculo grupo de piqueteros que expresó su apoyo en la llamada “Plaza del Si”?

Si el Señor Kirchner dejara expresar al pueblo real, se daría cuenta que no comparten sus medidas y sobretodo su deología, la ceguera debida a su egocentrismo no lo deja ver que un 60% de los ciudadanos, que no lo apoyó en las urnas, disiente con su manejo hegemónico de la República.

Susana Sechi
susanasechi@gmail.com


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